Bar Restaurante Vista Alegre, más conocido como CanTirurit
ITINERARIOS        Historias de Can Tirurit

Vicente Valero | IBIZA En lo que se venía llamando sa tanqueta de Missa, delante de la iglesia, Josep Marí y su esposa Maria Ripoll inauguraron en 1939 una gran casa destinada a ser botiga, bar y pensión. Dudaron entre llamarla Centro o Vista Alegre, hasta que se decidieron por este último nombre, aunque, como es costumbre, el establecimiento fue y continúa siendo conocido por el apodo familiar: Can Tirurit. Debió de ser entonces, junto con el Ayuntamiento y el cuartel de la Guardia Civil, el edificio más grande de Sant Joan, y se sabe que a su inauguración acudieron conocidos y curiosos de toda la isla, deslumbrados entre otras cosas por la luz eléctrica que iluminaba el establecimiento, la primera que se vio –y ayudó a ver– en este todavía tranquilo pueblo del norte de la isla. Pero como bar y botiga –también como barbería, correos y espardenyeria– la historia de Can Titurit había empezado tiempo atrás, solo que en otro lugar, no muy lejos de allí, por supuesto, a pocos metros del nuevo edificio, junto al estanco.

Fue la primera pensión que tuvo el pueblo y en ella se instalaron pronto el médico, el practicante, el veterinario, entre otros pocos, y también la primera casa de comidas, de manera que, desde su fundación en 1939, parece que el establecimiento estaba destinado a cambiar la vida del pueblo, convirtiéndose en el principal punto de reunión y receptor absoluto de todas las novedades. Aquí se vio también, con alegría y extrañeza, la primera televisión. Pero las historias que se contaban por entonces en la pequeña pantalla difícilmente podían superar las propias historias del establecimiento, pues un bar y una tienda de pueblo siempre han sido en sí mismos, por sus personajes y sucesos, la mejor telenovela posible. Y eso que todavía estaba por llegar uno de los acontecimientos que más acabaría marcando la trayectoria de este bar: la presencia siempre colorista y ociosa de los hippies.

Antes de la llegada de los amigos de las flores, Can Titurit dejó de ser pensión y los hijos de Josep y Maria se repartieron el negocio. El hijo, Pepito, se ocuparía desde entonces de la botiga –hoy un amplio y bien surtido supermercado que ha cambiado de lugar–, y la hija, Carmen, del bar restaurante. De este último se ocupa hoy la tercera generación familiar, los hermanos Fernando y Sefa, que empezaron a trabajar aquí desde muy jóvenes, aunque la madre, Carmen, que ha cocinado para muchos durante décadas y merece descanso, acompaña con su presencia las labores cotidianas mientras observa la sucesión asegurada: su nieto Manolo ya trabaja en el bar.

En el tiempo de los 'hippies'
Los hippies de Sant Joan hicieron de Can Titurit su principal lugar de reunión desde finales de los años 60. De ello da cuenta un curioso cuaderno que se guarda como lo que es –una cosa extraña y simpática–, y en el que, a falta de teléfono, correo electrónico y cualquier otro medio de comunicación, los célebres 'peluts' anotaban sus avisos, ponían sus anuncios y se convocaban a fiestas domésticas.

Sefa recuerda que «aquella fue una época muy bonita» y que los hippies «siempre se portaron muy bien con la familia, eran gente tranquila que tenía mucha información de todo. Conocían mucho mundo, les gustaba nuestra comida casera y a veces nos sugerían algunos platos que ellos conocían, de la India». Parece que la armonía reinaba en el bar a todas horas y era frecuente ver en una mesa a los payeses jugando a las cartas y en la de al lado a los hippies charlando en sus lenguas extrañas para todos entonces. Pero no era raro tampoco que se cruzaran las conversaciones de una mesa a otra. «Todos nos conocíamos aquí –apunta Sefa– y muchos hippies iban incluso a los entierros de sus vecinos payeses... Había un ambiente muy bueno».

El ambiente de hoy en Can Tirurit no es completamente ajeno al de aquel tiempo, no solo porque todavía se dejan ver por aquí algunos pocos hippies de entonces –como Bob Jesse, al que le gusta aún caminar descalzo, aunque ahora siempre con un ordenador bajo el brazo en el que guarda sus recientes creaciones artísticas–, sino porque neohippies y pseudohippies han continuado llegando a Sant Joan en busca de una tranquilidad cada día más cara y difícil.

Junto a estos, una variada clientela de extranjeros e ibicencos se reúne cada día para degustar la comida casera, jugar a las cartas, tomar unas copas o conectarse a Internet. Tomás, el camarero, que lleva más de dos décadas trabajando aquí y es como de la familia, dice haber servido a todo tipo de clientes, desde embajadores a vagabundos, pero recuerda muy especialmente a Kate Moss, a Mick Jagger y a su hija Jade, incluso a 'Pocholo', que parece haber tomado copas en todos los bares posibles de la isla.

Nada de todo esto, claro, pudo haber imaginado el fundador Josep Marí en 1939 cuando, según recuerda su nieto Fernando, «transportaba en carro desde ses Salines las vigas de sabina, que había llevado para amarar, destinadas a los techos de esta casa».    

Diario de Ibiza, 17 Septiembre de 2011

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