Formentera es, sin ningún tipo de duda, un paraíso. La tranquilidad que se respira entre su gente, su filosofía mediterránea y los pequeños pueblos que se hallan, junto con la belleza de su paisaje, la convierten en una de las más queridas del mar en que se encuentra.

La más pequeña de las Pitiusas tiene, también, el puerto más pequeño de los gestionados por la Autoridad Portuaria. Aun así, se convierte en imprescindible y vital para la vida cotidiana de la isla, ya que es la única vía de entrada de mercancías y pasajeros. Por sus muelles pasan al año más de un millón de personas.

No deja de lado ninguna necesidad, y cuenta, además de unos muelles adosados a un dique de 280 metros destinados a los pasajeros y a las mercancías, con lugares de atraque para embarcaciones de ocio y pesca y una moderna estación marítima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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